lunes, 9 de febrero de 2009

ACTRICES PORNO MEXICANAS

Lorena Sánchez: californiana precoz con sangre mexicana, tez cetrina y carita de actriz de culebrones que, a sus 21 primaveras, ha filmado más de 150 películas para adultos.
Lleva dos años y medio trabajando como actriz porno y confiesa que está encantada: "Antes curraba 70 horas a la semana y me pagaban fatal. Ahora me lo paso bien y, encima, gano mucho dinero".
Tamy Blond: es una actriz novísima, de escasa experiencia y físico pseudoadolescente: menudita, piel blanca, poco pecho y mirada de niña mala. Ella dice que "estoy en el porno por placer, no por dinero". Por eso, Tamy no se acuesta con cualquiera: "Para que un chico me excite tiene que tener un pene de 15 centímetros, por lo menos". Por ahora sólo ha hecho dos películas, pero es sólo el principio...
Jenaveve Jolie: es el prototipo de mexicana oscurita y menuda, pero con todo en su sitio. Empezó trabajando de bailarina de strip-tease en un club nocturno hasta que, en 2003, la fichó un productor de porno. Se ha hecho célebre haciendo "de todo" en más de 100 películas, gracias a la tendencia de mezclar actrices hispanas con hombres blancos que triunfa en el cine X norteamericano.
Chiquita López: esta mexicana de raza, procedente del estado de Michoacán (famoso por la promuiscuidad de sus muchachas) ha triunfado en California. En el momento del clímax, Chiquita exclama improperios en la lengua de Cervantes, con gran éxito entre el público hispanoparlante residente en EE.UU. Morenita e insaciable, asegura que prefiere rodar escenas con sementales afroamericanos.
Sophia Gently: chiquitita pero matona, dotada de una poderosa delantera, 100% natural, y cara de devoradora de enchiladas, esta niña es un volcán de cuerpo ardiente y garganta profunda. Pero, por encima de todo, Sophia es una gran actriz: aunque en la mayoría de sus películas parece que se lo está pasando pipa, luego dice que "muchas veces me toca fingir los orgasmos".